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Más allá del Cabrales: 6 quesos asturianos para descubrir

Más allá del Cabrales: 6 quesos asturianos para descubrir

Seis propuestas asturianas para los fans de los quesos

Por Denis Soria

Todos conocen el Quesu Cabrales, pero con una tradición ganadera milenaria que se remonta a las tribus astures, la mayor mancha quesera de Europa ofrece munchas más alternativas para nuestro paladar. Asturias es el país de los 40 quesos. Hoy os traemos seis de ellos.

1. Quesu Casín

Este queso debe su nombre al conceyu de Casu, en el valle alto del Nalón, aunque su producción abarca también Sobrescoyu y Piloña, conceyos que integran la DOP. Se elabora con pasta amasada a partir de leche cruda de vaca casina, una raza autóctona de la montaña asturiana. Se cree que es uno de los más antiguos, pues está documentado desde el siglo XIII.

Es un queso de sabor fuerte, mantecoso y de coagulación enzimática. Su particularidad reside en que, una vez desuerado, se amasa formando conos (gorollos) que se dejan reposar unos días para luego pasarlos por una máquina de rabilar cuantas veces se desee aumentar el picor y la intensidad del sabor. Finalmente, se graban con un marcu de madera a fin de identificar la quesería.

Cuenta con cuatro queserías: Ca Llechi, El Viejo Mundo, Quesería Reciegos y La Corte (las dos últimas vistables). Además, el último fin de semana de agosto tiene lugar el Certamen del Quesu Casín en los altos de La Collá d’Arniciu (Casu), una buena oportunidad para conocer las últimas novedades y disfrutar de unas maravillosas vistas al Parque Natural de Redes.

2. Quesu Gamonéu

Elaborado en los conceyos de Cangues d’Onís y Onís, es uno de los tres quesos azules que se hacen en el entorno de los Picos d’Europa. Su sabor es algo similar al Cabrales, pero su precio no tiene nada que ver. Esto se explica por su producción, mucho más exigua y artesanal.

Lo que lo hace tan especial es tanto su ahumado como su maduración en cueva, entre dos y cinco meses, que consigue una consistencia semidura, con manchas de penicilium dispersas y un sabor penetrante. Se elabora a partir de leche de vaca, oveja y cabra, aunque el caso del quesu Gamonéu del Puertu deben mezclarse al menos dos tipos de leche (mínimo un 10% la de ovino y/o caprino). La producción de esta variedad se limita a los meses de primavera y verano, época de pastoreo en las mayadas o vegas, razón por la que es más cotizada que la del Gamonéu del Valle.

Con cerca de 18 queserías inscritas en la DOP, todos los 23 de octubre se celebra en Benia, capital del conceyu de Onís, el Certamen del quesu Gamonéu, que se prolonga durante el fin de semana.

3. Quesu de Los Beyos

Con Indicación Geográfica Protegida (IPG), se produce en los conceyos asturianos de Ponga y Amieva y en el leonés de Oseya de Sayambre. Su nombre proviene del desfiladero de Los Beyos (la voz asturleonesa beyu significa, precisamente, “precipicio”). El quesu de Beyos puede elaborarse con leche de vaca, cabra y oveja, aunque sin mezclar. Es un queso cremoso, fácil de desmenuzar al corte y ligeramente ácido, más intenso en los de oveja y de cabra, y más suave en los de vaca.

Existen trés certámenes de este queso:

  • San Xuan de Beleño (Ponga): Último domingo de mayo
  • Amieva: Primer sábado de junio.
  • Oseya de Sayambre (León): Octubre.

 

4. Quesu Pría

Propio de la parroquia costera de Pría, en el conceyu de Llanes, este queso tiene la particularidad de ser elaborado con leche de vaca y manteca de oveja. De su muchas variedades, la más demandada es el famoso ḥumáu de Pría, un queso ahumado con madera de roble, tierno, de sabor semidulce y agradable.

 

5. Quesu picón

Es uno de los quesos más enigmáticos de Asturias y, a juzgar por su elaboración, de los más antiguos. Su producción es casi exclusivamente doméstica, relegada a la montaña meridional asturiana, donde tiene distintos nombres y variaciones según el conceyu: queisu de fonte, queisu d’odre, queisu de bota o queisu de vexiga en Quirós, Proaza y Somiedu, quisu picón en Ḷḷena y quisu d’Urbiés en el valle de Turón (Mieres).

Se trata de un queso hecho a base de calostru o caliestru (leche de vacas recién paridas), poco graso, pastoso y cremoso, ideal para untar. Su sabor no es apto para todos los gustos, pues es particularmente intenso y picante, motivo por el que en algunas casas suelen añadir pequeñas cantidades de aguardiente de miel o mantequilla, para neutralizar la acidez.

Aunque una vez cuajada la masa de puede desuerar en fardelas de tela, en algunos pueblos siguen haciéndolo en pelleyes de cordero o cabrito, donde se deja fermentar al calor de la lumbre de la cocina para que sude el suero. Tres meses después se pasa a una fuente o tarreña donde se remueve durante ocho meses para que los hongos de la superficie se extiendan de forma homogénea.

Este queso en peligro de extinción es muy difícil de adquirir, por lo que lo recomendable es acudir a las distintas ferias:

  • Certamen del Quesu d’Urbiés (Mieres): Segundo domingo de junio.
  • Certamen del Quesu de Bota (Bermiego, Quirós): Principios de junio.
  • Certamen del Quesu de Fonte (Proaza): Principios de febrero.

 

6. Quesu Afuega’l Pitu

Al igual que el Casín, es otros de esos quesos ancestrales. De hecho, está documentado como moneda de pago de impuestos en el siglo XVIII.  Se elabora con leche de vaca carreña o frisona en pequeñas caserías, si bien antaño su producción estaba extendida por casi todos los conceyos entre el Narcea y el Seya. Desde 2008 posee su propia DOP.

El origen de su nombre, extraño cuanto menos, ha dado lugar múltiples y descabelladas interpretaciones. Se podría traducir al castellano como “ahoga el pollo” o “ahoga la flema”, conque para unos el nombre alude a que, al tragar, su textura pastosa hace que se pegue a la garganta y al paladar. Otros defienden que se debe al proceso de desuerado de la variedad de puñu, en la que se afuega (estrangula) el paño o fardela antes de dejarla colgando.

El quesu Afuega’l Picu se presenta en tres modalidades, curados, semicurados o tiernos y hasta cuatro variedades en función de su forma: Atroncáu blancu, de forma troncocónica, de color blanco y sin amasar o Atroncáu roxu, de forma troncocónica, con pimentón (lo que le da un color rojo-anaranjado) y amasado. Las otras variedades son de trapu o de puñu, Trapu blancu y Trapu roxu, que se diferencian de las anteriores por su forma redondeada y por su desuerado en paños o fardelas.

El certamen más importante de este queso se celebra a últimos de enero en La Foz (Morcín), donde participan algunas queserías llegadas de diferentes conceyos: Tinéu (Tierra de Tineo), Salas (Valle del Narcea, Agrovaldés, El Viso y La Arquera) Grau (Ca Sanchu, Borbolla y Temia), Pravia (La Peñona y Rey Silo) y Morcín (La Figar).

Leyendas asturianas: El Cuélebre de Gijón/Xixón

Leyendas asturianas: El Cuélebre de Gijón/Xixón

Pocos conocen la leyenda que envuelve a la Playa de San Llorienzo y que, además, le da nombre

Por Denis Soria

El Cuélebre, el llamado “Dragón Asturiano”, es una de las criaturas más conocidas de la mitología asturiana. La mayoría de los testimonios coinciden en que se trata de un macho de culiebra que sigue creciendo durante siglos hasta alcanzar un tamaño gigantesco y desplegar alas de murciélago. Pero este ser monstruoso cubierto de escamas con una dureza mayor que la del hierro sentía atracción por el oro y los objetos brillantes, guardando sus ayalgues (tesoros) en el interior de ciertas cuevas. Así, su presencia es fácil de rastrear en multitud de lugares en Asturias y León, como La Cabeza’l Cuélebre (Llena), La Vuelta’l Cuélebre (Colunga), Valdecuélabre (Somiedu) o El Pozu’l Cuélebre (Cangues d’Onís). Incluso Victor Manuel le dedicaría una de sus canciones.

Así, el etnógrafo y dibujante Bertu Álvarez Peña recoge en su libro Mitos de Xixón la leyenda trasmitida por Manín de Selmo al folcklorista Luis Argüelles en la década de 1940. Manín, un xixonés que ya rondaba los noventa y tantos años, le contó esta vieja historia sobre el cuélebre que habitaba al final de la playa de San Llorienzo. Conocemos más relatos sobre esta criatura en el conceyu de Xixón, pero la de Manín es el único que hace referencia al arenal.

Hace muchos años, un Cuélebre que vivía en una cueva del cabo de San Llorienzo, frente a La Isla de la Fontica (llamada modernamente La Isla la Tortuga, por la forma), tenía atemorizados a los pescadores de Cimavilla. Desesperados por ver cómo la sierpe destruía continuamente sus lanchas y aparejos con los que ganaban el sustento pidieron ayuda a Gorín, un ermitaño que moraba en el Picu’l Sol. Éste se ofreció para dar muerte a la bestia, pero, a cambio, los playos debían alimentarlo lo que le quedase de vida.

Gorín escogió a Xuana, una moza de quince años, hija de madre soltera, para que lo acompañase hasta la cueva del Cuélebre. Una vez en la entrada Gorín llamó a la bestia y, cuando sintieron que se acercaba, el ermitaño quitó la faja que ceñía la cintura de la joven y se la arrojó a la cabeza del reptil nada más aparecer, quedando amansado y dócil. Acto seguido, el ermitaño penetró en el cubil del monstruo donde encontró un lloréu (laurel) de oro, el tesoro que el dragón estaba custodiando. Gorín lanzó el lloréu al mar y ordenó al Cuélebre que fuese tras él, desapareciendo para siempre bajo las embravecidas olas del acantilado.

El ermitaño pasó a vivir entonces a la cueva del Cuélebre, mientras los pescadores cumplían con el trato todas las semanas llevándole alimento. Sin embargo, si alguna vez olvidaban hacerlo, un cuervo se posaba en el lugar que hoy en día se conocemo como La Colina’l Cuervu y con sus graznidos recordaba a los playos su obligación.

La Colina’l Cuervu (Fotografía: MACHBEL)

Con el tiempo, encima de la cueva del lloréu fue edificada la capilla de San Llorienzo de Mar, bautizando también al cabo y al inmenso arenal que lo cercaba: la playa de San Llorienzo. Lo cierto es que esa capilla existió, y de hecho Jovelllanos transcribiría algunas coplas y canciones populares que hacían referencia a las ancestrales procesiones marineras entre la capilla de San Llorienzo de Tierra (cerca del Ayuntamiento) y la de San Llorienzo de Mar. Como aquella que dice:

«Vengo de San Llorienzo de la Tierra,
voi pa San Llorienzo de la mar,
enguedeyar, enguedeyar, enguedeyeme,
nunca me pudi desenguedeyar…»

Un cuélebre de cartón domina sobre las murallas de Xixón, obra de los vecinos de Cimavilla durante sus fiestas.

Reinas asturleonesas

Reinas asturleonesas

Todos conocen a Pelayo, pero pocos saben que la última soberana de Asturias fue una mujer

Por Denis Soria

Urraca de León

“¿A qué no se atreve la locura de la mujer?, ¿qué no intenta la astucia de la serpiente?, ¿qué no ataca la muy criminal víbora? El ejemplo de Eva, nuestra primera madre, indica claramente a qué se atreven, qué intentan, qué atacan los inventos de la mujer. La muy audaz mente de la mujer se precipita contra lo prohibido, viola lo más sagrado, confunde lo lícito y lo ilícito”

Atendiendo a esta descripción que de Urraca de León -y de la mujer en general- hace Xiraldo en su Historia Compostelana (siglo XII) no es complicado entender por qué apenas se citen tres reinas consortes de las crónicas asturianas. Y aunque tengamos más información acerca de las leonesas éstas no suelen salir bien paradas. Obviadas, esombrecidas, relegadas a la figura de gestantes cuando no a meros objetos decorativos, el reino asturleonés contó -a pesar de todo- con dos reinas titulares, es decir, con poder efectivo; Urraca de León y Urraca la Asturiana.

Habéis leído bien, hablamos de “reino asturleonés” porque la entidad política que fundó Pelayo en Cangues d’Onís en el siglo VIII no muere con el traslado de capital que realiza Alfonso III a León en el 910. Ésta ya se había mudado otras veces (Cangues, Samartín, Pravia, Uviéu…) y por ello las genealogías escritas en la época, como la Nómina leonesa tratan a los monarcas del reino de los astures como regis Legionensis. Así que pal casu pataques…

 

URRACA DE LEÓN (1081-1126)

Nuestra cazurrina accede al trono después de la muerte de su hermano Sancho -de solo 14 años- en la batalla de Uclés (1108) contra los almorávides. Muerto el único hijo varón de Alfonso V, el rey decide otorgarle los derechos de sucesión a su hija Urraca, un hecho insólito que la llevaría a convertirse en la primera reina titular de Europa, en el año 1109.

Fue una mujer familiarizada tempranamente con los asuntos de gobierno, no en vano había dirigido el condado de Galicia junto a su marido Raimundo de Borgoña. Y pese a que había enviudado hacía pocos años, los nobles leoneses la presionaron para que volviese a contraer matrimonio cuanto antes, puesto que, como afirma Ricardo Chao en su Historia de los reyes de León, “Estas prisas (…) responen a la incomodidad que provocaba una mujer mandando.”

Vamos, un campo de nabos…

Su matrimonio con el machirulo de Alfonso I de Aragón y Pamplona se convirtió en un infierno. El “valiente” de su esposo la golpeaba a diario y la encerraba bajo llave, conque tras algunos titubeos la reina logra volver a León. Sin embargo su marido invade el reino en el año 1111, obligándola a emprender la huida a Galicia. No se queda de brazos cruzados. Consciente de que la legitimidad de su bando estaba en entredicho, Urraca y el obispo de Compostela proclaman rey a Alfonso Raimúndez a la edad de siete años, el hijo que había tenido en su anterior matrimonio.

Los aragoneses acabarían por ser expulsados de León, hasta que en 1116 se acuerda el repudio de Urraca por parte de Alfonso el Batallador como alternativa al divorcio. La reina pudo pasar página, pero, así las cosas, su marido no fue la única piedra con la que tropezaría a lo largo de su vida. Las disputas de poder -también con su hijo-, los intentos de independencia de Portugal y el descontento popular hicieron mella en su autoridad, siempre cuestionada por su condición de mujer. Urraca, de hecho, emulando a Cersei en la famosa serie Juego de tronos, llegaría a sobrevivir a una turba de compostelanos que la vejó públicamente arrojándola desnuda a un lodazal (posteriormente, la prudencia política impidió que quemase la ciudad).

Moriría en el 1126 a los cuarenta y pico años, siendo eternamente maltratada por las crónicas y la literatura, atrincheradas en una visión insultantemente machista y parcial sobre su reinado.

 

URRACA LA ASTURIANA (1133-1179)

Todos conocen a Pelayo, pero pocos saben que el último monarca de Asturias fue una mujer.

«quando domina Urraca regina et dominus Alvarus Roderici voluerount quod perdisse dominus rex Fernandus Asturiis»

En el curso de los siglos, las referencias a Asturias se van a limitar ya al territorio al norte de la cordillera. Tal vez por la geografía, tal vez porque con la nueva capital en León la nobleza asturiana ya no lo petaba tanto, ésta va a protagonizar dos intentos serios de independencia de León.

El primer intento tendrá lugar con el hijo de Urraca, Alfonso VII de León, por parte del conde Gonzalu Pelaiz en tres ocasiones (1132, 1135 y 1137), hasta que el rey se cansa de tanto derrotarlo-perdonarlo y le da la patada a Portugal, territorio que se marca una DUI frente a León (pero de las de verdad). Mas durante unas vacaciones tras una de sus campañas contra el conde, Alfonso engendra una bastarda con una ayerana llamada Gontrodo. Fruto de este escarceo amoroso nacerá Urraca (llamada, paradojas de la vida, igual que su abuela). Criada en la corte leonesa y en un momento de alianza con los vascones, su matrimonio con García Ramírez IV el Restaurador la convirtiría en reina de Navarra. Un braguetazo, pero breve. Enviudó a los seis años

A su vuelta y para no interferir quizás con los asuntos navarros, su padre le concede el reino de Asturias (subordinado a León). ¿Pero de qué vale tener un reino para una sola sin nadie al lado con quien compartirlo? El segundo matrimonio de Urraca será con una golosina del occidente, nada menos que Álvaro Rodríguez, el señor de Navia. El caso es que en 1164, pocos meses después de la boda, intentan segregar Asturias del reino de León. Porque toda pareja joven sabe aquello de que mejor el piso en propiedad, que lo de vivir de alquiler es tirar el dinero…

La cosa debió salir regular, pues el nuevo rey de León, su hermanastro Fernando II, pone fin al alzamiento en menos de un año y manda al matrimonio a la Castilla de pensar.

A partir de aquí las noticias de la pareja son contradictorias, unos dicen que murieron en el destierro, otros que Urraca volvió a Asturias como monja luego de enviudar por segunda vez. Sea como fuere ambos recibieron sepultura en la catedral de Palencia, donde siguen todavía. Nada más se sabe de quien fue la última reina de Asturias “stricto sensu”.


Castillo de Soto (Ayer), junto con Peḷḷuno, posible lugar de nacimiento de Urraca la Asturiana
La leyenda del puente del beso de Ḷḷuarca

La leyenda del puente del beso de Ḷḷuarca

Sobre el origen de la leyenda más conocida de la villa blanca

Asturias es una tierra generosa en historias, impregnadas casi siempre por el aroma de sus bosques y montañas, de su mar o de su sidra, pues en la letanía de nuestros días grises muchos de nuestros cuentos y seres mitológicos habrían proliferado al calor de la leña, cuando no del alcohol…

Eso bien lo saben bien los vecinos de la villa de Ḷḷuarca, quienes no desaprovechan la ocasión para relatar con orgullo de la leyenda del pirata Cambaral, transcurrida en el tiempo en que piratas berberiscos y otros malhechores asolaban las costas gallegas y asturianas a fin de saciar su sed de sangre y pérfidos vicios. El más famoso de estos piratas habría sido el vil Cambaral, conocido por su crueldad y que tuvo la osadía de atacar las cercanías de Ḷḷuarca. Para su mala fortuna, en lo más alto de esta villa vivía el señor de La Telaya, un hombre de gran ingenio que logró tenderle una emboscada, haciendo pasar a sus hombres por pescadores, y apresando al pirata tras una dura batalla.

Así pues, malherido, el berberisco fue recluido en las mazmorras de La Telaya a la espera de justicia. La leyenda repara, sin embargo, en la hija del señor de Lluarca, una doncella cuya pureza y piedad la llevó hasta los barrotes de la celda para curar las heridas de Cambaral. Desde que cruzaron sus miradas por primera vez, el amor surgió con la misma intensidad que aquellas olas azotadas contra los acantilados durante las noches de galerna. Fue esa misma pasión la que les condujo a emprender la huida, creyendo sortear la vigilancia de los confiados guardias, pero no así de su padre.

Cuando llegaron al puerto, donde les esperaba una barca, los amantes se pensaron a salvo y se fundieron en un tierno beso bajo la luz de la luna. Pero el padre de la muchacha, horrorizado y borracho por la ira, corrió a cercenar con su espada las cabezas de los amantes, que cayeron unidas por siempre en un suave beso al fondo del mar. Desde entonces, el lugar sería conocido por los lluarquinos como la ponte del beisu, mientras que uno de los barrios más marineros y populares, El Cambaral, hizo suyo el nombre del pirata.

Arrascando un poco acerca del origen de la historia, que muchos han creído antiquísimo, El Cambaral no debe interpretarse como algún nombre árabe, turco o bereber, sino que en realidad alude a un lugar con abundancia de cámbaros (“cangrejos”, en asturleonés). Pero además, Juan Antonio Martinez Losada, cronista oficial de Valdés, atribuye la autoría de esta leyenda nada menos que al escritor y periodista Jesús Evaristo Casariego, quien fuera director del RIDEA y una persona muy dada a la fabulación, haciendo pasar muchas de sus creaciones literarias por leyendas recogidas supuestamente en la oralidad, quizás para otorgar a su lugar de nacimiento de mayor enjundia. Queda demostrado, pues, que la leyenda del pirata Cambaral y su ponte del beisu, tienen un origen reciente y erudito.

Después de todo, parece que algunas de nuestras leyendas más conocidas y popularizadas no tienen una pátina tan ancestral ni tan popular, si bien es verdad que alguno perdió la cabeza por amor…

Origen y significado de la bandera asturiana

Origen y significado de la bandera asturiana

Es el símbolo más poderoso de Asturias, el que nos hace visibles como pueblo, como identidad. Mostrada con orgullo en viajes y celebraciones, nunca fue difícil reconocer el coche de un asturiano, pero pocos conocen su historia…

Bandera asturiana. Fotografía: EL COMERCIO

 

¿Cuándo se crea la bandera de Asturias?

En 1794, cuando el Marqués de Camposagrado consultó a Jovellanos sobre el escudo que debía portar el regimiento de nobles asturianos. En una carta expuesta actualmente en la Junta General, el ilustrado propone el emblema de los reyes astures empleado antes de mudar la capital a León: la Cruz de la Victoria.

Era esa misma cruz de madera que portó Pelayo, según la leyenda, en la batalla de Cuadonga y que Alfonso III había mandado recubrir de oro y piedras preciosas en el año 908. Esa misma que desde hace más de mil años se conserva en la catedral de Oviedo/Uviéu y que está representada en varios edificios prerrománicos. ¡Ojo! El reino de Asturias nunca había tenido una bandera, pues los emblemas eran símbolos que se identificaban únicamente con los reyes. Es a partir del siglo XVIII cuando comienza a fraguarse la idea de que la nación transcendía al monarca.

Basta pues para fixar el blasón de Asturias haber indicado la insigna de que nuestros reyes usaron como divisa propia. Fundado el reyno de León esta divisa se hizo si no más propria, más peculiar de Asturias (…)

 

¡El omega siempre minúscula!

Las letras alpha y omega que cuelgan de sus brazos simbolizan el principio y fin de todas las cosas, la eternidad.

[Apocalipsis, 1-8: “Yo soy el Alpha y el omega, dice el señor Dios; el que es, el que era, el que viene, el todopoderoso”.]

Lo que a la mayoría se le escapa, incluso a Jovellanos, es que el omega SIEMPRE debe ser minúscula, pues así figura en todas sus representaciones durante el reino de los astures. No obstante, el error de poner ambas letras en mayúscula ha sido muy recurrente a lo largo del tiempo.

Inscripción del palacio de Alfonso III (Oviedo/Uviéu)

 

El color de la bandera es azul… o rojo

Jovellanos recoge ambos colores como válidos, aunque la oficial solo reconozca el azul.

“(…) pudiera serlo también en representación y colocarse en campo de gules o encarnado según Díaz del Valle.”

Sala Constitución de la Xunta Xeneral d’Asturies. Fotografía: Xunta Xeneral d’Asturies

La primera vez que se izó fue…

El 25 de mayo de 1808, en plena invasión francesa. Ese día la Xunta Xeneral de Asturias se proclama soberana, declara la guerra a Napoleón y crea el Exército Defensivo Asturiano, para el que necesitaban dotar de una bandera. La Xunta echa mano entonces del informe de Jovellanos, optando por el color azul y añadiéndole el lema «Asturias nunca vencida».

Posteriormente, la “azuleste” -como la llamaría el escritor Fernán Coronas- sería empleada tímidamente en los escudos de la autoridad provincial desde 1857, aunque consta su uso en celebraciones y mítines durante todo el siglo XIX y principios del XX. Llegada la Guerra Civil, la cruz y el león serán reproducidos en los emblemas del Consejo Soberano presidido por Belarmino Tomás.

Milicia provincial de Oviedo/Uviéu (“La Asturias Guerrera”, J.E.Casariego).

Vidrieras de la Xunta Xeneral. Fotografía: Xunta Xeneral d’Asturies.

 

¿Y en democracia?

La primera bandera de Asturias exhibida tras la dictadura franquista fue confeccionada en 1976 por Amelia Valcarcel, quien afirmó portarla por primera vez en el Día de la Cultura celebrado en la carbayera de Los Maizales.

Al año siguiente, un 21 de abril de 1977, Avilés se convertiría en el primer conceyu que izó la bandera asturiana oficialmente, gracias a la iniciativa del colectivo asturianista Conceyu Bable. Finalmente, La oficialidad para la bandera no llegará hasta la aprobación de la Ley de la bandera de 1990.

 

“Bable a la escuela, autonomía rexonal”, manifestación del 22 de xunu del 1976.

5 tradiciones asturianas de la Noche de Ánimas

5 tradiciones asturianas de la Noche de Ánimas

Repasamos los mitos y tradiciones más comunes en Asturias anteriores al Halloween

Hace no tanto las tradiciones eran un importante elemento de identidad, de refuerzo de una comunidad normalmente agrícola. Es lógico que con el refalfiu del Halloween a muchos nos asalte una sensación de vacío ante una celebración cuya única finalidad, después de todo, es el consumo y la ostentación. Y es que nuestra sociedad aún no tiene los dos pies fuera de ese mundo campesino, un mundo marcado por el ritmo de las estaciones. Así, sabemos que los gaélicos (irlandeses) conmemoraban, tras la cosecha, el Samain (literalmente, el “final del verano”). Y aunque se presupone que otros pueblos célticos contaban con festividades similares, no hay documentación muy extensa al respecto. Por otro lado, Manuel P. Villatoro señala que los romanos, también un pueblo indoeuropeo, honraban ese día a la diosa Pomona, la deidad del otoño y de las manzanas. Con el Papa Gregorio III vino la cristianización, trasladando la festividad de los «Mártires Cristianos» (Todos los Santos) al 1 de noviembre, para hacerla coincidir con la fiesta pagana. Esto es, «All Hallow’s Eve», abreviada como Halloween, sería la traducción al inglés de lo que nosotros llamamos “víspera de Todos los Santos”, una celebración cristiana salpicada de tradiciones de origen pagano más o menos similares en toda Europa.

La cosa no quedaría en un simple anglicismo si no fuese porque la festividad que -literalmente- se nos vende no es sino un remake comercial fruto del cine y el marketing, alejado de las tradiciones del Oíche Shamhna o Halloween llevadas a Norteamérica por los emigrantes irlandeses. Y ya no digamos de las propias. Pese a todo, la resistencia a esta cultura manufacturada no siempre está exenta de contradicción. De hecho, en los últimos años se ha instalado la moda de enmascararlo bajo el nombre de Samaín, como pretendiendo dotarlo de mayor autenticidad, pero pasándose por el arco del triunfo la tradición asturiana. ¿Acaso llamarlo en irlandés nos resulta menos ajeno que hacerlo en inglés?

Ponerse a la defensiva tampoco es una opción. Si Halloween ha venido para quedarse, aprovechar su tirón podría ser una oportunidad para reinterpretarlo en clave asturiana, y recuperar así una parte de una parte de nuestro patrimonio hoy cercano a la desaparición. Lo contrario será como empeñarse en luchar contra un fantasma.

Aquí te traemos algunos mitos y tradiciones asturianas de la Nueche d’Ánimes o la viéspera de Tolos Santos recogidas por el etnógrafo Alberto Álvarez Peña.

 

1. L’AMAGÜESTU DE DIFUNTOS

El cementerio de Banduxu aún sigue decorándose con dibujos de flores el día de Tolos Santos (Fotografía: David Tuñón).

Una de las costumbres más arraigadas consistía en hacer amagüestos, una reunión que, si bien se repetía lo largo del otoño y el invierno, la solemnidad de la víspera de Tolos Santos obligaba dejar un puñado de castañas bajo un tapín de hierba, para aplacar el hambre de los difuntos. En este sentido, si restallaba alguna castaña, significaba que un ánima había conseguido salir del purgatorio. La tradición de dejar comida o agua en la puerta de las casas y los camposantos tuvo continuación hasta la década de 1940, al igual que la celebración de banquetes sobre las tumbas de los antepasados, tal y como sigue haciéndose hoy en México durante el Día de Muertos. Hablamos de rituales, sin embargo, tan antiguos y extendidos como perseguidos, ya desde tiempos de Alfonso X “el sabio”.

«Pero aún hasta hace poco, en la Montaña, que es lo mismo para el caso que en Asturias, a las diez de la mañana de ese día se ponían en las tumbas las ofrendas “consistentes en sebosos cuartos de carnero, rancio vino de Málaga y panes de dulce álaga”» (Domingo Cuevas, Antaño, 1904)

 

2. AFURACAR CALABACES

Expo “calabaces y calaberes”. Fotografía: Xardín Botánicu de Xixón

La costumbre de vaciar calabazas (nabos, mucho antes que la hortaliza americana) está ampliamente registrada en todo el norte de España hasta la segunda mitad del siglo XX. La tarea correspondía a los niños, quienes colocaban este calabazón iluminado con velas en las puertas y ventanas o en las encrucijadas de caminos, donde se supone que se aparecen las ánimas.

 

3. LA GÜESTIA

Por aquellos lares podía uno encontrarse fácilmente con los espíritus, pues durante la Nueche d’Ánimes la frontera entre el mundo de los vivos y de los muertos se desdibujaba por unas horas. El peor infortunio para el caminante era toparse con la Güestia, una “hueste” o procesión de almas en pena. Nada de lo que los muertos ofreciesen podía aceptarse, pues ello conllevaba convertirse también en difunto y vagar con ellos por toda la eternidad. De igual manera, tampoco convenía contrariarlos. Si convidaban a comida lo mejor era simular que se masticaba, de lo contrario no habría sal de frutas capaz de aplacar tan fatal destino.

 

4. LA MAR QUE DEVUELVE A LOS MUERTOS

En algunos pueblos pesqueros, como en Cuideiru, no se podía salir a faenar. Los pixuetos preferían arriar las velas y quedar en tierra esa noche ante el temor de que al recoger las redes éstas saliesen repletas de los huesos de aquellos marineros que habían perecido ahogados. Aunque no era el único peligro con el que se podían encontrar:

«Antiguamente los pescadores de Cudillero no salían a la mar la noche de todos los Santos ni la del día de la Encarnación. Pero una vez, la noche de todos los Santos, salieron dos lanchas a la pesca y al pasar frente a la concha de Artedo, vieron que, sobre el agua, casi a orilla de tierra, ardían muchas luces. Los marineros enfilaron las proas de sus lanchas hacia aquellas luminarias y rema que rema, porque allí las olas rompían con mucha fuerza, llegaron allá y vieron llenos de miedo, que las luces eran producidas por huesos que había puesto allí la Güestia».

(Aurelio del Llano, Del folckore asturiano, 1977)

 

5. L’AGUINALDU

Niños pidiendo l’aguinaldu en Robléu (Cerecea, Piloña). Año 1930.

Nada de ese fusilable “truco o trato”. Los dulces había que ganárselos, como en Antroxu, por lo que los chavales salían con las caras embadurnadas de ceniza -sin disfrazarse- a pedir cantando por las casas, donde la recompensa solía consistir en chorizo, longaniza, castañas o avellanas. Y si había suerte, algún frixuelu (el terror de Pablo Casado).

“Queden con Dios señores
Nosotros con Dios nos vamos
Hasta l’añu venideru
Qu’en so casa mos veamos”

Por el contrario, si no recibían nada:

“Allá arriba n’aquel altu
Hai un perru cagando
Pa los amos d’esta casa
Que nun me dan aguinaldu.”