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Los enigmáticos asturcones de capa castaña

Los enigmáticos asturcones de capa castaña

Sobre la variedad de caballos autóctonos más rara y amenazada de Asturias

Por Denis Soria

Corría el año 218 a.C. y un osado Aníbal Barca arrojaba su ejército de cien mil hombres contra las murallas de los Alpes a lomos de asturcones, unos caballos extraños y diminutos que había mandado traer desde las lejanas tierras del norte de Hispania por la fama que tenía su trote de desafiar al vértigo.

Eran los caballos del pueblo astur, sus compañeros en el trabajo, pero también en la guerra, especialmente durante aquella conquista romana que se acabaría convirtiendo en el peor dolor de muelas del emperador Augusto a lo largo de toda una década. Es así que su silueta sagrada aparecerá representada en algunas estelas funerarias de guerreros, llevando el alma de sus dueños al galope, rumbo a la eternidad.

Los romanos continuarían admirándolos y, de hecho, gozarán de enorme popularidad en la mismísima capital del Imperio. Se sabe que Nerón llegó a poseer una burrina asturcona a la que cuidaba como su niña bonita. Incluso encontramos relatos de caballos astures ganadores en las famosísimas carreras de Alepo y Cartagena. Pero los tiempos fueron cambiando, y los asturcones “pasarán de moda” por la introducción de caballos de mayor porte, relegándolos al uso doméstico durante toda la Edad Media y Moderna. Sin embargo, desde el siglo XX la hibridación y el abandono de su cría en favor de otras razas más rentables empujarán al poni astur al borde de la extinción. Tal es así que en los años 80 apenas quedaba un puñado de ellos aferrado a las laderas del Puertu Sueve.

María del Pucho con una burra asturcona en Máñules, Tinéu (Fritz Krüger, 1927).

LA RECUPERACIÓN

La labor de los futuros miembros de la ACPRA (Asociación de Criadores de Ponis de Raza Asturcón) fue clave para salvar esta especie in extremis. Pero había un problema: la recuperación se basó en la selección de una veintena de ejemplares moros (de capa negra), popularizando la imagen del asturcón como un animal totalmente oscuro, a excepción de la blanca estrella de su frente. Ante esto, los expertos Miguel Ángel García Dory y Antón Álvarez Sevilla llamarán la atención sobre la existencia de una población de asturcones de manta castaña específica de las sierras del occidente asturiano, la cual lograrán incluir en el libro genealógico de la especie desde 2005. Actualmente queda en Asturias una población en alza de 2348 asturcones (censo de 2011), de los que cerca de 580 serían de capa castaña.

(Foto: Braniego)

(Foto: Braniego)

¿CUÁL ES SU ORIGEN?

Tradicionalmente, los burros atlánticos del norte de la península (Garrano, Gallego, Asturcón, Losino, Pottoka…) han sido agrupados bajo la etiqueta de “ponis celtas”, puesto que -hasta hace poco- se creía que habían sido traídos por pueblos indoeuropeos durante la Edad del Hierro. En este sentido, investigadores de la Universidad de León llegaron a emparentar al asturcón con el Exmoor de Cornualles.

En todo caso, no parece que los corceles asturcones sean los mismos de las pinturas de las cuevas del Paleolítico (Candamu, El Pozu’l Ramu…), ya que en éstos se aprecia un lomo acebrado, una característica propia de los caballos primitivos. Así las cosas, un estudio de caracterización genética de las razas equinas ibéricas dirigido por el SERIDA en 2005 concluyó que, si bien existe una diferenciación entre las razas atlánticas ibéricas y las del resto de la península, el linaje de todas sería común y probablemente de origen africano. Es decir, que los asturcones no habrían llegado con los celtas en la Edad del Hierro, sino mucho antes, tal vez en la Edad del Cobre o la del Bronce. Además, en el mismo quedó claro que su relación con el Exmoor no era tan grande, poniendo en duda el tan aceptado origen “celta” de los ponis del norte peninsular.

Entre el gorbizu (Foto: Braniego)

Dos greños con el pelaje de invierno (Foto: Braniego)

¿DÓNDE VERLOS?

Hasta los años 70 aún quedaban buenos corros de asturcones de manta castaña en Tinéu, pero las repoblaciones de los montes comunales con pinos por parte del ICONA condenarán a muchos propietarios a la emigración, algo fatal para la especie.

Hoy en día, el mayor corru de asturcones de manta castaña podemos encontrarlo en Busecu, en La Montaña de Ḷḷuarca: es la yeguada de Braniego, con unos 60 ejemplares. Sus propietarios, David Martín y Ana García, se dieron a conocer, ya no solo por ser unos pioneros en la recuperación de esta capa en el Occidente, sino también por ser de las pocas parejas jóvenes que apostaron por formar una familia en un territorio que las administraciones se han empeñado en abandonar a su suerte. David, que complementa la cría de caballos con el trabajo de madreñeiru, vende asturcones tanto a hípicos como a particulares asturianos y españoles tras un manejo no siempre fácil por los continuos ataques de los llobos. Incluso se han hecho con un pequeño hueco de mercado en Alemania, lugar de destino de alguno de sus greños.

Por fin, parece que el futuro pinta algo mejor para los antiguos caballos pésicos.

“Distínguese este corcel astur por la blanca estrella que adorna su frente, marca propia de los de su país. Blancas son asimismo sus veloces patas, que destaca sobre el fondo negro de su piel. Aunque de mediana estatura y estampa poco vistosa, son muy sobrios, veloces y resistentes”. Silo Itálico.

 

Asturcones en La Montaña valdesana (Foto: Braniego)

Asturcones al galope (Foto: Braniego)

Potros de asturcón con su característico pelaje (Foto: Braniego)

Dos greños o garañones (machos sin castrar) solucionando sus diferencias (Foto: Braniego)

25 de mayo, ¿Día de la Bandera Asturiana?

25 de mayo, ¿Día de la Bandera Asturiana?

Sobre el significado y la reinterpretación de una fecha cargada de orgullo para los asturianos

Por Denis Soria

En artículos anteriores ya os hemos explicado cuál era el origen de la bandera asturiana. Hoy nos centraremos en los hechos que envolvieron a su elección como símbolo de los asturianos y que muchos han considerado que deberían ser conmemorados, si no como el Día de Asturias, al menos sí como el Día de la Bandera Asturiana.

El actual parlamento asturiano, la Xunta Xeneral, embellecido por salas donde las cuidadas tallas de madera del antiguo hemiciclo acompañan a una delicada colección pinturas costumbristas y cristaleras de estilo francés, se erige hoy como un imponente palacio neoclásico centenario en el centro de la capital de Asturias. Pero lo cierto es que no siempre estuvo aquí.

La sede de la Xunta Xeneral se ubicaba históricamente en la catedral, más concretamente en la llamada sala capitular. Tal vez el espacio presidido por una impresionante cúpula gótica no fuese especialmente amplio para acoger una asamblea, pero es una de las estancias más antiguas del templo, levantada a finales del siglo XIII.

¿Qué era realmente la Xunta Xeneral? Podríamos decir que era una institución oligárquica “más o menos” representativa de los conceyos, mediadora entre los intereses de Asturias y la autoridad real, pero su valor reside en que fue la única figura de autogobierno que conservamos los asturianos tras la conquista castellana de finales del siglo XIV, que nos desgajaría del reino de León como un Principado sometido a la voluntad del rey de Castilla.

En mayo de 1808 esta Xunta celebraba sus sesiones aquí, cuando el día 9 de ese mismo mes comienzan a llegar a Asturias las noticias de la represión del 2 de mayo contra el pueblo de Madrid por parte de las tropas francesas. Los asturianos, encabezados por dos mujeres -Xuaca Bobela y Marica Andayón- se amotinaron, y un inmenso gentío se dirigió a la sala capitular. Bajo presión popular, la Xunta Xeneral promulgó la creación de un ejército defensivo asturiano y declaró la guerra a Napoleón. Pero pasados unos días, el 13 de mayo la Audiencia obligó a retractarse a los diputados de la Xunta por miedo a la reacción de los franceses. Se sucedieron entonces unos días de calma tensa, hasta el 25 de mayo de 1808.

En la noche del 24 una minoría de diputados congregan a miles de campesinos, que toman la fábrica de armas de Oviedo/Uviéu y asaltan la capital. Tras tomar la Real Audiencia obligan a su presidente a convocar una sesión extraordinaria de la Xunta Xeneral en la que participan 15 miembros, entre los que destacaban Álvaro Flórez Estrada, Pedro Álvarez Celleruelo, Ramón de Llano Ponte, Manuel María Acevedo, el Conde de Torenu o García Busto.

Álvaro Flórez Estrada

Tres días más tarde, el 28 de mayo, se proclamará como Xunta Suprema, que enviará embajadores a Gran Bretaña solicitando apoyo militar y se diseñará la bandera asturiana actual bajo el lema «Asturias xamás vencida» a propuesta de Jovellanos. Tiempo después se acordaría la formación de una Junta Suprema Gubernativa de España e Indias (más conocida como «Junta Central»), conformada por dos diputados de cada provincia. A tal efecto, por Asturias serán elegidos Jovellanos y el Marqués de Camposagrado.

“La Asturias guerrera”. J.E. Casariego

Infelizmente, el general del ejército borbónico, el Marqués de la Romana llegará a Oviedo/Uviéu en 4 de abril de 1809. Este patán era conocido por los soldados como el «marqués de las Romerías», pues decía Marx; “no se entablaba nunca combate sino cuando daba la casualidad de que él estaba ausente”. Inmediatamente, ordena al coronel José O’Donell disolver la Xunta por las armas mientras se encontraba reunida, un 2 de mayo de 1809. Al poco, será sustituida por una Junta de Armamento y Observación, hecho que suscitaría una encendida defensa de la Junta por parte de Jovellanos, aludiendo a la “Constitución histórica” asturiana:

Sabemos los derechos que da al Principado su constitución; sabemos que tiene el de no obedecer y reclamar toda providencia que fuere contraria a ella, y de resistirlas hasta donde permitan su fidelidad y respeto; y no ver algún peligro en excitar esta lucha entre la autoridad soberana y los derechos de un pueblo respetable, entre la fuerza armada de la una y el amor a la libertad del otro.

El infame Marqués de la Romana

Los asturianos serán testigos de la entrada en Oviedo/Uviéu del general napoleónico Kellerman, que la saquea durante tres días. El “valiente” Marqués de La Romana huye en barco, dejando la capital a merced de los franceses. Kellerman intentará implementar una administración colaboracionista con los 300 vecinos que habían permanecido en la ciudad (frente a los 6000 con los que contaba), hasta que el 10 de junio las tropas francesas son movilizadas a otros destinos.

La Guerra Peninsular no acabará hasta 1814, y la capital asturiana sufrirá otras tres ocupaciones más. Después de todo, la bandera asturiana se convertirá en el recuerdo celeste de la epopeya de un pueblo que tomó la iniciativa como un actor protagonista, haciendo uso de sus propias instituciones de autogobierno y combatiendo con valentía -aún traicionado- a unos invasores cuyo paso quedará inmortalizado en algunas pinturas de nuestros hórreos.

Esas juntas habían ordenado un reclutamiento general sin excepciones para clases ni personas, habían impuesto tributos a los capitalistas y propietarios, habían reducido los sueldos de los funcionarios públicos, habían ordenado a las congregaciones religiosas que pusieran a su disposición los ingresos guardados en sus arcas; en una palabra, habían adoptado medidas revolucionarias. Desde la llegada del glorioso «marqués de las Romerías», Asturias y Galicia, las dos provincias que más se distinguieron por su unánime resistencia a los franceses, se ponían al margen de la guerra de la Independencia cada vez que no se veían amenazadas por un peligro inmediato de invasión. (Karl Marx, 1854)

Pintura de soldados franceses en hórreos de Amieva (Foto. Belén Menéndez Solar)

7 escritores ‘clásicos’ en lengua asturleonesa

7 escritores ‘clásicos’ en lengua asturleonesa

Una propuesta para acercarse a la literatura de la ‘llingua’ que comparten asturianos, leoneses y mirandeses

Por Denis Soria

Manuel Rodríguez Rivero, historiador y crítico castellano, viene defendiendo que la concepción de un libro como “clásico” va más allá de una clasificación entre artistas antiguos y modernos. Por el contrario, hablamos de obras que, en su ámbito, influyeron en cómo interpretamos la historia de nuestra literatura o fueron determinantes en el desarrollo literario posterior. Hoy os proponemos 7 autores en lengua asturleonesa que entrarían dentro de esta categoría, aunque por supuesto, caben munchísimos más.

1. Antón de Marirreguera (1605-1662), el primero conocido

Antón González Reguera, más conocido como Antón de Marirreguera, era un autor natural de Llorgozana (Carreño), párroco de Priendes (1634-1644) y Albandi (1645-1661) y que llegó a ser Arcipreste de Carreño desde 1656.

Su poema «Cuando ensamen les abeyes» está considerado como la primera obra literaria -documentada- en lengua asturiana. Dichos versos fueron presentados y premiados en el certamen literario que amenizó las celebraciones por la proclamación de Santa Olaya de Mérida como patrona de la Diócesis de Oviedo/Uviéu por el Papa Urbano VIII en el año 1639. En palabras de José María de Cossío, estilísticamente es interpretado como un punto de transición entre el modelo medieval y el barroco, observándose una adaptación estructural de las fábulas clásicas al relato oral tradicional.

Cuando esamen les aveyes

Fujendo con el calor

Ya saben u esta el cajiellu.

Santolaya fó la abeya

Que de Mérida ensamó

Enfadada que adorasen

Les fegures de llatón.

Entonces el re don Sil

Andaba en guerra feroz

Con los moros que querín

Encabezase en Lleón.

Permitiolo aquesta Santa

Que les victories yi dio,

Siendo en ellos matanzua.

Fasta que en Mérida entró.

[…]

2. Xosefa Xovellanos (1745-1807), la primera mujer escritora

De vida trágica, esta xixonesa se mudaría a Ovedo/Uviéu en 1788 tras enviudar y perder a sus tres hijos. Allí se dedicaría a la formación de mujeres reclusas y a obras diversas de caridad. Finalmente, ingresará en el Convento de las Agustinas Recoletas de Gijón/Xixón.

Xosefa pertenece a la llamada Xeneración del Mediu Sieglu, cercana a un círculo de escritores de influencia neoclásica vinculados a la Ilustración que -con todo- apostaron por un uso culto del asturiano, como era el caso de Xuan González Villar o Antón de Balvidares. En su obra literaria (apenas cinco poemas), muestra una hábil convergencia entre la retranca tradicional con la perspectiva ilustrada. Y es que el mensaje que solían encerrar sus poemas no es otro que la crítica al lujo y a la idolatría.

[…]

Por aquel caminón nuevu

Que fasta Xixón llegaba,

Tantos vivientes fervín

Y tanta xente colába,

Que parecía un formigueru

Cuando daquién lu destapa.

Quixe cudiar contra min,

Si quiciaves Santolalla

Habrá baxado del Cielo

Y dirín á visitalla,

O si nes santes reliquies

S’hobíes abridu aquell’arca,

que magar Uviedo é Uviedo

Ñunca se vió despesllada.

(La proclamación de Carlos IV)

3. Xuan María Acebal (1815-1894), la poesía burguesa

Escultor, poeta, profesor universitario, cofundador del diario católico El Carbayón (1879)… Acebal fue una figura polifacética ligada al carlismo y al conservadurismo político. Muy reconocido en su tiempo, el ovetense supondrá la excepción en la literatura asturiana de la segunda mitad del siglo XIX, estancada en el costumbrismo y en un bucolismo anacrónico que la incapacitará para captar al público burgués. Según Ramos Corrada, esta sería una de las razones por las que Asturias no experimentó un fenómeno similar a la Renaixença o el Rexurdimento.

Así, «Cantar y más cantar» marcaría un punto de inflexión en la literatura asturleonesa. La voz protagonista es un asturiano que vuelve del exilio y sube a L’Aramo para elevar un canto a su patria. Un poema en el que, como Señala Cubero de Vicente, Acebal sale al paso de una arcaica visión localista plagada de complejos y trata a Asturias -por fin- como una verdadera entidad colectiva.

Pel Poniente hay les sierres de Bedures,
Que el Feniciu furó la vez primera,
Y tras elli el Romanu, que sacaba
Co les venes de sangre d’ oru vena.
Entovía se atopen les migayes
Per un llau y per utru, y per Navelgas;
Y baXando pel río á Cornellana
Cuéyenles los paisanos ente arena,
Que mezclen con el zógue y dempués lleven
Regolviéndolo xunto ‘nunca duerna.
Qué tó decir de Cangues, nin de Pravia,
De les Luiñes, Caranga y de Teberga;
De Grao, de Quirós nin de Proaza,
O sitios qu’ endayuri el güeyu viera?
Yo non tengo palabres pa esplicallo,
Y déxolo p’algunu que más sépia.

4. Enriqueta González Rubín (1832-1877), la primera novela

Originaria de Santianes del Agua (Ribeseya), fue colaboradora de la efímera revista literaria El Nalón y en el periódico El Faro Asturiano, donde solía firmar como La Cantora del Sella.

Enriqueta es enormemente conocida por ser la autora de «Viaxe del tiu Pacho el Sordu a Uviedo» (1875), nada menos que la primera novela escrita en asturiano, concretamente en el dialecto oriental. Esta autora -a caballo del romanticismo- toma el relevo de la literatura costumbrista y, si bien es cierto que sus obras tienen como fondo un ambiente rural, no lo idealiza, al contrario recurre a la sátira para denunciar la desigualdad social.

-¡Sima Dios! -arrespondí yo-, esa culpa non é de ellos sinón nuestra; a güen seguru que si nós jeciéramos asina cuando ellos traten de que los unviemos a Madrid de deputaos, ¡otra cosa jora! Pero dixo elli que cuando los homes que non están avezaos a vevir en palacios se van avevir a ellos, como tienen que subir tantes escaleres, hasta el jumu del cigarru los amoria y-yos desvanez la cabeza, y non pueden amirar pa baxu. Eso será. (…)

5. Fernán Coronas (1884-1939), la búsqueda de lo ‘asturleonés’

Galo Antonio Fernández, más conocido como “Fernán Coronas”, o “el Padre Galo” fue un religioso nacido en Cadavéu (Ḷḷuarca) con un conocimiento fuera de lo común sobre Historia y Lingüística, al punto de dominar con soltura el asturiano occidental, el latín, el italiano, el portugués, el francés y el occitano, destacándose además como traductor de inglés, alemán, finés, griego y hebreo

Casi toda su producción en asturiano se adscribe a la década de 1920, parte de ella publicada en Rimas en astur-leonés (1928). Se trata de poesía modernista, con una temática basada en la reivindicación identitaria y lingüística de Asturias. En este sentido, Galo habría sido una figura preocupada por encontrar un modelo lingüístico y ortográfico válido para los distintos dialectos del asturleonés.

Güey que cruciu estrañu suelu

Mueiru de malencoliyas

Au tan los mieus esturianus?

Au tan las Estudias miyas?

L’augüina miya chorosa

Ensin gracia pa cantare

Vey trista ya amargurida

Cumu el corazón del mare!

Así respondeu l’Esva

Cun un queixúmene fondu,

[…]

6. Eva González (1918-2007), la voz de la Cordillera

Es la escritora en asturleonés más conocida de León. Perteneciente a la Xeneración de Posguerra, Eva nació en el seno de una familia humilde y campesina de Palacios del Sil, aunque tenía un espíritu autodidacta; no comenzaría a escribir hasta los años 70, pasando -de repente- a componer cuentos y poesías a diario.

De estilo fresco, expresivo y espontáneo, la palaciega se destacó por adaptar los modelos rítmicos de la tradición popular oral. Al tiempo, su temática tendrá como telón de fondo el mundo campesino, el paisaje y la naturaleza, pero en el que deja entrever las costuras del alma humana con una dulzura conmovedora

Su primer libro, Poesías ya cuentus na nuesa tsingua (1980), tuvo un impacto enorme, ya que era la primera vez que se publicaba una obra literaria en leonés en el Alto Sil, donde se conoce tradicionalmente como pauezu. Posteriormente, saldrán a la luz una serie de obras en colaboración con su hijo, el académico Roberto González-Quevedo: desde la serie «Na nuesa tsingua», escrita entre 1980 y 1990, a libros como «Poesía completa» (1980-1991), y de manera póstuma: «Cuentos completos» (2008), «Pequena enciclopedia de nós» (2011) y «Hestoria de la mia vida» (2018).

Los xeitos de la mia tierra,

Las cousinas del mieu pueblu

Hai que las contar aspaciu

Dando-ys gracia ya xeitu.

7. Amadeu Ferreira (1950-2015), el faro de Miranda

Al igual que en León, en la Tierra de Miranda la producción literaria en “la nuesa llingua” es particularmente tardía y apenas arranca en 1940. Desde entonces, el escritor que mejor ha encarnado la renovación y el tránsito a la modernidad fue Amadeu Ferreira. Nacido en Sendín, este abogado, profesor de la Universidad de Lisboa y político sería uno de los actores principales del movimiento de revitalización del asturleonés en esta pequeña comarca de Portugal, ocupando la presidencia de la Associaçon de la Lhéngua i Cultura Mirandesa.

Empezó a escribir desde los años 70 por influencia de Antonio Mourinho, especialmente poesía, resultado no tanto de una inspiración espontánea, sino de un trabajo largo y minucioso: «Cebadeiros», «Ars Vivendi / Ars Moriendi» y «Norteando»; y prosa, «La bouba de la Tenerie / Tempo de Fogo», «Cuntas de Tiu Jouquin», «Ditos Dezideiros / Provérbios Mirandeses» o «Belheç».

Por otro lado, Amadeu fue muy reconocido por su labor como traductor para el dialecto mirandés del asturleonés: «Ls Quatro Eibangeilhos», «Ls Lúsiadas», «Mensaige», dos aventuras de «Astérix» y obras de Horacio, Virgilio y Cátulo, entre otros.

«Hai un tiempo para nacer i un tiempo para un se morrer. L’alma nun puode bolar pa l cielo. Senó, cumo podien nacer cousas nuobas? Essa ye la rucerreiçon de las almas: son bidas nuobas. Son bichicos, arbicas i todo l que bibe. Ye por esso que fázen mui mal an anterrar las pessonas ne l semitério: habien de las anterrar pul campo para ajudar las almas a nacer. Assi, Dius, seia quien fur, ten muito mais trabalho.»

5 cosas que ver en Siero

5 cosas que ver en Siero

Por Denis Soria

Siero es un lugar estupendo para explorar Asturias desde el centro a cualquier punto del Paraíso, pero tiene también mucho que ofrecer. Hoy te proponemos 5 cosas para ver y hacer en el conceyu

1. Les Campes

Interior del chigre Pumarín (Foto: Imanol Rimada)

Fuisti al Carmín de La Pola,

llevasti medies azules,

llevástiles emprestaes,

qu’aquélles nun yeren tuyes.

(popular)

¿Andas con fame? Los mejores sitios para comer están en esta plaza del centro de La Pola: Casa Manolo, Viento del Norte, El Rinconín de Les Campes, El Madreñeru, El Pozu… Aunque Pumarín tiene fama de ofrecer un ambiente más tradicional y la Sidrería Les Campes la mejor relación calidad-precio.

Lo más llamativo, aparte de su arquitectura tradicional, es el monumento en homenaje a las fiestas de El Carmín (celebradas a finales de julio). Su origen se remonta a 1695, cuando Andrés del Quintanal Nosti fundó en este mismo lugar una ermita advocada a Nuestra Señora del Carmen (destruida en 1810), dando origen una romería que actualmente es, junto a los Güevos Pintos (Domingo de Pascua), la fiesta más concurrida de Siero, con cerca de 50.000 asistentes. Obra de Constantino Rozada, recrea la danza prima con la que se finaliza la celebración de El Carmín.

2. Valdesoto

Iglesia de San Félix (Fotografía: Pueblastur)

Valdesoto es, tal vez, la parroquia más folixera del conceyu de Siero. Sus dos fechas más importantes son las fiestas de San Félix (segundo fin de semana de agosto), en las que se celebra el Desfile de Carroces (declarada Fiesta de Interés Turístico desde 2002) y los Sidros y Comedies (primer domingo después de Reyes), una preciosa y divertida mascarada de invierno que tiene lugar a la sombra de la iglesia modernista de San Félix y muy cerca del Palaciu de los Carreño, del siglo XVIII y declarado Bien de Interés Cultural.

3. Tiñana

Palaciu de Meres (Foto: Wikipedia)

Interior del Palaciu de Meres (Fotografía: Turismo Asturias)

A escasos 10 minutos de La Pola, esta parroquia es conocida por la gran cantidad de llagares, siendo un destino muy valorado para la realización de espiches: Llagar de Fonciello, Llagar de Quelo, Llagar Juanín, Viuda de Palacio o Llagar Muñiz. Por otro lado, siempre merece la pena acercarse a conocer el espléndido Palaciu de Meres, declarado BIC. Construído entre los siglos XV y XVII, aparece en varias películas de José Luiz Garci (El abuelo, You’re the One, Historia de un beso, etc.) y en La Regenta, de Fernando Méndez-Leite.

4. Cualloto

Puente de Cualloto (Fotografía: Conceyu de Siero)

Cualloto, es un lugar singular. Parte de la localidad pertenece a Granda (Siero) y parte a Uviéu, pero es esta cercanía a la capital lo que hace que tenga también una oferta muy atractiva de llagares y sidrerías ideales para comer el fin de semana, combinada con un importante caserío tradicional. En lo que toca a Siero, lo más interesante está en el puente medieval (aunque se cree que sus bases son de origen romano) y en la antigua fábrica de cerveza Águila Negra, de estilo neoclásico y recientemente restaurada después dos décadas de abandono.

5. Valles mineros de Pumarabule y Candín

Valle de Pumarabule (Foto: rpasturias)

Esta parte del Este de Siero contrasta con el paisaje del resto del conceyu, pues aquí se hace patente la huella de su pasado minero, con los típicos castilletes, escombreras y poblados de trabajadores. En la parroquia de Santa Marta podremos conocer el Pozu Pumarabule (o El Pozu la Muerte), profundizado en 1917 y que tiene el honor de haber sido el primer pozu vertical de Asturias, además de la aldea de Llamuñu. Siguiendo por la AS-324 hasta la parroquia de Carbayín nos esperan los de La Paulina (en La Rasa), reconocida por Jovellanos y el Pozu Mosquitera (desde la AS-323), cerrado a finales de los ochenta. Por último, desde Candín podremos recorrer la SI-12 y hacia Lieres por la SI-14 hasta el conjunto minero de Solvay, un magnífico ejemplo de poblado minero y pozu, perteneciente a los Valdeón Cabanilles, pero comprado en 1903 por Solvay y Cia.

 

Pozu Pumarabule (Fotografía. MTI Minas Asturias)

Investigan la cura del coronavirus en los oricios

Investigan la cura del coronavirus en los oricios

Científicos de la Universidad de Patagonia (Argentina) estudian una molécula presente en esta especie marina que puede ayudar a combatir el COVID-19.

La vacuna pudo estar ante nuestros ojos todo este tiempo. Y es que ya sospechábamos que no había mal que una botellina de sidra con una docena de oricios, el sueño húmedo de cualquier asturiano, no pudiese remediar. Hoy se confirma.

Según adelanta ADNSUR, un grupo de científicos argentinos que lleva 15 años estudiando las propiedades antivirales de los oricios, presentaron ante el Ministerior de Ciencia, Tecnología e Innovación un proyecto para desarrollar una terapia antiviral contra el coronavirus. En palabras del equipo, no se trataría de una vacuna, sino de un medicamento de mejora del sistema inmune para prevenir la afección de la enfermedad, a través del cual el paciente estaría más fuerte y preparado para afronar el virus.

Los biólogos Tamara Rubilar y Dana Cardozo, responsables del equipo investigador, señalan que el proyecto se centra en el empleo de metabolitos secundarios extraídos de los huevos de la especie ‘Arbacia Dufresnii‘, un erizo de mar autóctono de los golfos patagónicos, que podría tener capacidad de bloquear la proteína fundamental del coronavirus. No obstante, parece que muchos asturianos ya estarían planeando hacer acopio de varios miles de kilos de oriciu asturiano a modo preventivo, mientras que los organizadores del Festival del Oriciu de Bañugues (Gozón)  y Güerres (Colunga) normalmente celebrados en marzo, se frotan las manos para próximas ediciones.

Cuaya, el conde que aterrorizó Asturias

Cuaya, el conde que aterrorizó Asturias

La turbulenta historia del noble moscón que sembró el terror en la Asturias del siglo XIV

Por Denis Soria

El final de la Edad Media trajo a nuestra tierra una serie de cambios profundos; al ir desplazándose los centros de poder a León primero y al Reino de Castilla después, Asturias vive una situación de aislamiento motivada por la exclusión de la nobleza asturiana en la realidad política. Con todo ello, las crisis económicas y la decadencia de la sociedad feudal europea propiciaron una atmósfera de delincuencia generalizada. En los miles de caminos de aquella Asturias oscura y asilvestrada existían desde recaudadores ilegales que estafaban a los mercaderes exigiendo portazgos desorbitados, hasta otros que directamente asaltaban a espada y cuchillo a los viajeros quien podían perder la bolsa o el honor en el mejor de los casos, o la vida en los más.

Y es aquí donde entra nuestro Gonzalu Peláiz, que a pesar del nombre no tiene nada que ver con aquel que se sublevara en 1132 contra el rey de León en pro -parece ser- de la independenca de Asturias. Este conde, el de Cuaya, que era analfabeto a conciencia y más feo que una nevera por detrás, nació en Villanueva (Grau) a finales del siglo XIII. Ya desde joven empezaría a codiciar la villa de Grau, que intentó tomar por la fuerza en alguna ocasión. La cosa prometía. Esta pola estaba bajo realengo (es decir, bajo jurisdicción directa del rey de Castilla), así que cuando Fernando IV -con solo diez años- accede al trono en 1295, Peláiz aprovecha la minoría de edad del monarca y solicita la concesión de la villa. Los moscones, conocedores de los antecedentes del conde, dijeron que ni de Blas y enviaron una comitiva a la corte evitando sus pretensiones.

Pero como Gonzalu Peláiz no lo tomó muy bien, decidió cafiar todo lo que pudo; arrasó las tierras y aldeas del conceyu y aniquiló a todo el que entraba o salía de las murallas de la pola de Grau. Así, por más que los vecinos de la villa defendieran su hogar a toda costa, el comercio y la agricultura se paralizó totalmente poniéndolos nuna situación realmente desesperada. Ello les llevó -en 1301- a rogar auxilio al rey de Castilla, que ignora la petición, y más tarde al conceyu de Uviéu, que no se lo da por mor del conflicto entre el Obispo de San Salvador (Fernando Gonzali) y su Cabildo con los vecinos de la ciudad. Informado Cuaya, amplía sus malfetrías al alfoz de Uviéu y al valle del Nora usando como resorte la fortaleza de Priorio, conchabándose con el obispado y compartiendo con la mitra el botín de sus crímenes.

Y como si todo ello no le bastara, en la noche del 1 de marzo de 1308 lanza un ataque por sorpresa sobre Grau. Esta vez logra atravesar los muros, masacra a casi toda la población y prende fuego a la villa antes de volver a Cuaya con el producto del saqueo. Sabiendo del desentendimiento del monarca castellano con Asturias y en venganza por negarse aquél a reconocerle “sus derechos” sobre Grau, toma el castillo quirosano de Aguilar (de propiedad real) días después.

La indignación de los asturianos rebosa el vaso y algunos hombres de armas de Uviéu, más otros de los conceyos vecinos, se unen a los supervivientes de la quema de Grau y acuerdan poner sitio a la plaza donde se encontraba el conde. Pero no fue la amenaza de las milicias conceyiles lo que le hizo abandonar la torre, sino el socorro oportuno del obispado carbayón, quien -en pleno conflicto con los siervos y comerciantes de la capital- le entrega los baluartes de Priorio y Tudela junto con el Coto de Lluniego y gran cantidad de refuerzos militares.

No era el castillo de Tudela poco chollo. Aunque del solar que antaño ocupó hoy solo queden unas pocas piedras amontonadas con poca chica, era de aquella una de las fortalezas más imponentes de Asturias. Además, se situaba en una ubicación estratégica; guardando el Coto de Lluniego y a la entrada misma de la capital asturiana, donde todas las recuas de mercaderes que venían de León pagaban portazgo.

Ruinas del castillo de Tudela (Fotografía: Asturgeografic)

Los asaltos a las caravanas no se hicieron esperar, interrumpiendo el comercio de la ciudad por meses. Y como la pela és la pela, los ovetenses no se iban a quedar con las manos en los bolsillos mientras Cuaya hacía lo que le pegaba la gana. Accedieron a contratar a un mercenario para hacer frente al conde; Suer del Dado, un ayerano que tenía -junto con sus hombres- fama de ser el mejor guerrero de entre la brava nobleza asturiana. En pocos meses consiguen mantener a Peláiz a raya y reestablecer el comercio. Uviéu aprovecha el impasse para firmar -el 21 de octubre de 1309- una Carta de Hermandad con Grau. Esta alianza les permitirá organizar mejor la ayuda militar, por lo que al poco contratan a otro noble batallador; Suer Menendi de Valdés. Resulta interesante que fuera precisamente un Valdés el que pusiera las armas al servicio de los conceyos, pues Valdés era también la segunda mujer de Cuaya; Urraca Suari (viuda de Menén Suari de Valdés), que había vuelto a casarse con el polémico Don Gonzalu obligada seguramente por los problemas financieros que llevaba arrastrando.

En los seis años siguientes tiene lugar una auténtica guerra civil entre el bando laico (la causa de los conceyos) y el eclesiástico (representado por el obispado de Uviéu y el Conde de Cuaya) hasta que -por fin- la regente del recién coronado Alfonso XI, María de Molina, envía una carta al Obispo de San Salvador y su Cabildo poniéndolos a parir y exigiéndoles que retiraran el apoyo a Gonzalu Peláiz. Al mismo tiempo, mandan al Comendero Real (Rodrigu Álvariz de les Asturies, conde de Noreña) para encargarse del gobierno del país.

Llega Rodrigu a terreno de Asturias con la enseña real y pronto acuden a su lado las milicias conceyiles que plantan cara a Peláiz hasta que logran neutralizarlo en el castillo de Tudela. El sitio dura cuatro meses y se emplean para ello máquinas de guerra que el Comendero solicita a las autoridades ovetenses, desafiando el requerimiento interpuesto por el Obispo para que los fierros et cuerdas del Engenio no salieren de la capital.

Por fin, en la primavera de 1316 las tropas toman la plaza. Enterados los de Grau, y hartos ya de tantos años de calamidades, entran en las tierras de Cuaya talando y quemando todo lo que pillan. Pero como mala hierba nunca muere, Gonzalu Peláiz escapa en algún momento del asedio y se exilia en Navarra -se cree- hasta su muerte.

La “Ruta del Conde de Cuaya” recorre algunos pueblos del valle del ríu las Varas.

En los meses que siguieron a la toma de la fortaleza Rodrigu Álvariz, quien complementaría el gobierno de Asturias con la lucha contra los musulmanes de Granada, ordena confiscar las propiedades de Gonzalu y demoler el baluarte de Tudela para evitar que sirviese de punto de apoyo para futuros levantamientos contra la corona. Quién iba a pensar que vaya ser su hijo adoptado, Enrique de Trastámara (bastardo de Alfonso XI), el que prenda la mecha en Asturias dando paso a la Guerra Civil Castellana (1351-1369) y algunos años más tarde su nieto; Alfonso Enríquez el que se subleve contra su tío, Juan I de Castilla, hasta la toma de Xixón en 1395. Pero en fin, de ello hablaremos otro día.

Volviendo a nuestro conde preferido, es evidente que este personaje debió de dejar una huella bien profunda en los moscones para que, siete siglos después, su recuerdo siga todavía vivo en la tradición oral del conceyu de Grau.

Como vemos, el mito del prototipo de caballero feudal empático y preocupado por sus súbditos, a los que protegía de bárbaros y dragones, es una falacia. El medievo fue una época en la que las élitas politicas no dudaban en aprovechar su situación para satisfacer sus placeres mundanos pasando por arriba del bienestar de la gente del común. Una época en la que la desigualdad y corrupción estaban a la orden del día… Por desgracia, desde la Edad Media poco hemos cambiado en ese sentido.

Palaciu de Villanueva (Grau), lugar de nacimiento del Conde de Cuaya.