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La leyenda del puente del beso de Ḷḷuarca

La leyenda del puente del beso de Ḷḷuarca

Sobre el origen de la leyenda más conocida de la villa blanca

Asturias es una tierra generosa en historias, impregnadas casi siempre por el aroma de sus bosques y montañas, de su mar o de su sidra, pues en la letanía de nuestros días grises muchos de nuestros cuentos y seres mitológicos habrían proliferado al calor de la leña, cuando no del alcohol…

Eso bien lo saben bien los vecinos de la villa de Ḷḷuarca, quienes no desaprovechan la ocasión para relatar con orgullo de la leyenda del pirata Cambaral, transcurrida en el tiempo en que piratas berberiscos y otros malhechores asolaban las costas gallegas y asturianas a fin de saciar su sed de sangre y pérfidos vicios. El más famoso de estos piratas habría sido el vil Cambaral, conocido por su crueldad y que tuvo la osadía de atacar las cercanías de Ḷḷuarca. Para su mala fortuna, en lo más alto de esta villa vivía el señor de La Telaya, un hombre de gran ingenio que logró tenderle una emboscada, haciendo pasar a sus hombres por pescadores, y apresando al pirata tras una dura batalla.

Así pues, malherido, el berberisco fue recluido en las mazmorras de La Telaya a la espera de justicia. La leyenda repara, sin embargo, en la hija del señor de Lluarca, una doncella cuya pureza y piedad la llevó hasta los barrotes de la celda para curar las heridas de Cambaral. Desde que cruzaron sus miradas por primera vez, el amor surgió con la misma intensidad que aquellas olas azotadas contra los acantilados durante las noches de galerna. Fue esa misma pasión la que les condujo a emprender la huida, creyendo sortear la vigilancia de los confiados guardias, pero no así de su padre.

Cuando llegaron al puerto, donde les esperaba una barca, los amantes se pensaron a salvo y se fundieron en un tierno beso bajo la luz de la luna. Pero el padre de la muchacha, horrorizado y borracho por la ira, corrió a cercenar con su espada las cabezas de los amantes, que cayeron unidas por siempre en un suave beso al fondo del mar. Desde entonces, el lugar sería conocido por los lluarquinos como la ponte del beisu, mientras que uno de los barrios más marineros y populares, El Cambaral, hizo suyo el nombre del pirata.

Arrascando un poco acerca del origen de la historia, que muchos han creído antiquísimo, El Cambaral no debe interpretarse como algún nombre árabe, turco o bereber, sino que en realidad alude a un lugar con abundancia de cámbaros (“cangrejos”, en asturleonés). Pero además, Juan Antonio Martinez Losada, cronista oficial de Valdés, atribuye la autoría de esta leyenda nada menos que al escritor y periodista Jesús Evaristo Casariego, quien fuera director del RIDEA y una persona muy dada a la fabulación, haciendo pasar muchas de sus creaciones literarias por leyendas recogidas supuestamente en la oralidad, quizás para otorgar a su lugar de nacimiento de mayor enjundia. Queda demostrado, pues, que la leyenda del pirata Cambaral y su ponte del beisu, tienen un origen reciente y erudito.

Después de todo, parece que algunas de nuestras leyendas más conocidas y popularizadas no tienen una pátina tan ancestral ni tan popular, si bien es verdad que alguno perdió la cabeza por amor…

Origen y significado de la bandera asturiana

Origen y significado de la bandera asturiana

Es el símbolo más poderoso de Asturias, el que nos hace visibles como pueblo, como identidad. Mostrada con orgullo en viajes y celebraciones, nunca fue difícil reconocer el coche de un asturiano, pero pocos conocen su historia…

Bandera asturiana. Fotografía: EL COMERCIO

 

¿Cuándo se crea la bandera de Asturias?

En 1794, cuando el Marqués de Camposagrado consultó a Jovellanos sobre el escudo que debía portar el regimiento de nobles asturianos. En una carta expuesta actualmente en la Junta General, el ilustrado propone el emblema de los reyes astures empleado antes de mudar la capital a León: la Cruz de la Victoria.

Era esa misma cruz de madera que portó Pelayo, según la leyenda, en la batalla de Cuadonga y que Alfonso III había mandado recubrir de oro y piedras preciosas en el año 908. Esa misma que desde hace más de mil años se conserva en la catedral de Oviedo/Uviéu y que está representada en varios edificios prerrománicos. ¡Ojo! El reino de Asturias nunca había tenido una bandera, pues los emblemas eran símbolos que se identificaban únicamente con los reyes. Es a partir del siglo XVIII cuando comienza a fraguarse la idea de que la nación transcendía al monarca.

Basta pues para fixar el blasón de Asturias haber indicado la insigna de que nuestros reyes usaron como divisa propia. Fundado el reyno de León esta divisa se hizo si no más propria, más peculiar de Asturias (…)

 

¡El omega siempre minúscula!

Las letras alpha y omega que cuelgan de sus brazos simbolizan el principio y fin de todas las cosas, la eternidad.

[Apocalipsis, 1-8: “Yo soy el Alpha y el omega, dice el señor Dios; el que es, el que era, el que viene, el todopoderoso”.]

Lo que a la mayoría se le escapa, incluso a Jovellanos, es que el omega SIEMPRE debe ser minúscula, pues así figura en todas sus representaciones durante el reino de los astures. No obstante, el error de poner ambas letras en mayúscula ha sido muy recurrente a lo largo del tiempo.

Inscripción del palacio de Alfonso III (Oviedo/Uviéu)

 

El color de la bandera es azul… o rojo

Jovellanos recoge ambos colores como válidos, aunque la oficial solo reconozca el azul.

“(…) pudiera serlo también en representación y colocarse en campo de gules o encarnado según Díaz del Valle.”

Sala Constitución de la Xunta Xeneral d’Asturies. Fotografía: Xunta Xeneral d’Asturies

La primera vez que se izó fue…

El 25 de mayo de 1808, en plena invasión francesa. Ese día la Xunta Xeneral de Asturias se proclama soberana, declara la guerra a Napoleón y crea el Exército Defensivo Asturiano, para el que necesitaban dotar de una bandera. La Xunta echa mano entonces del informe de Jovellanos, optando por el color azul y añadiéndole el lema «Asturias nunca vencida».

Posteriormente, la “azuleste” -como la llamaría el escritor Fernán Coronas- sería empleada tímidamente en los escudos de la autoridad provincial desde 1857, aunque consta su uso en celebraciones y mítines durante todo el siglo XIX y principios del XX. Llegada la Guerra Civil, la cruz y el león serán reproducidos en los emblemas del Consejo Soberano presidido por Belarmino Tomás.

Milicia provincial de Oviedo/Uviéu (“La Asturias Guerrera”, J.E.Casariego).

Vidrieras de la Xunta Xeneral. Fotografía: Xunta Xeneral d’Asturies.

 

¿Y en democracia?

La primera bandera de Asturias exhibida tras la dictadura franquista fue confeccionada en 1976 por Amelia Valcarcel, quien afirmó portarla por primera vez en el Día de la Cultura celebrado en la carbayera de Los Maizales.

Al año siguiente, un 21 de abril de 1977, Avilés se convertiría en el primer conceyu que izó la bandera asturiana oficialmente, gracias a la iniciativa del colectivo asturianista Conceyu Bable. Finalmente, La oficialidad para la bandera no llegará hasta la aprobación de la Ley de la bandera de 1990.

 

“Bable a la escuela, autonomía rexonal”, manifestación del 22 de xunu del 1976.

5 cosas que ver en Mieres

5 cosas que ver en Mieres

Te proponemos cinco cosas que ver en Mieres, la capital de la cuenca minera del Caudal y el sexto conceyu más poblado de Asturias. Y sí, tienen perru…

 

1. El Requexu

Si queréis saber de min

Toi na plaza de Requexu.

Soi de Mieres, soi de Mieres

Soi de Mieres del Camín

Si pasar pases per Mieres

Tengo invitate a un culín.

(popular)

Si andas con secañu, acercarse a esta plaza tan coqueta es ir a lo seguro. Situada en Mieres del Camín, la capital, cualquiera de sus sidrerías ofrece la posibilidad de tomar un culín y de disfrutar del baturiciu entre la arquitectura tradicional mejor conservada de la villa. Aunque si lo que quieres es comer a Dios por una pata, en Ca Laura podrás fartucar por un precio muy razonable.

Desde 1982, el monumento que corona la plaza no podría ser otro que El escanciador de sidra, una escultura en bronce de enorme realismo que representa al típico echador asturiano, obra del mierense Manuel Félix Magdalena. Por cierto, lo de Mieres “del Camín” no es casualidad, pues la localidad es punto de paso del camino de Santiago. La iglesia parroquial de San Xuan, justo al lado del Requexu, de estilo neobarroco, fue construida por Enrique Rodríguez Bustelo, en 1931.

2. Valdecuna

Viḷḷar (Gaḷḷegos). Fotografía: Turismo Asturias

Santuario de San Cosme y San Damián (Insierto). Fotografía: Turismo Asturias

El Valle del Cuna está formado por las parroquias de Cuna y Gaegos y por él discurre el río Cuna, pero la “capital” del valle siempre ha sido Cenera, a 5 km de Mieres del Camín, por lo que para muchos siempre será el Valle de Cenera. Se trata del valle más señorial del conceyu, por lo que está repleto de palacios (como los de El Vaitu, el de Viade o los de “Arriba” y “d’Abaxo” de Cenera) y de pequeños pueblos de enorme interés etnográfico que podemos conocer en coche o a pie: Vistrimir, Canga, Villar, Miruxeo o Gaegos, este último declarado “pueblu más guapu d’Asturies” en 1974 y que cuenta con un estupendo museo etnográfico. También merece la pena visitar “la panerona” de Cenera, que acoge el Museo costumbrista Benjamín Pumarada.

Dentro de su patrimonio religioso, sobresale el santuario de los Mártires Cosme y Damián (en Insierto) y, cómo no, la Romería de los Mártires de Valdecuna. Se celebra cada 27 de septiembre y que es una de las más conocidas de Asturias.

3 Vae de Turón

Valle de Turón. Fotografía: Conceyu de Mieres

Pozu Espinos. Fotografía: Territorio Museo

Situado a menos de 10km de Mieres del Camín, el paisaje del valle de Turón es un equilibrio perfecto entre patrimonio natural e industrial, el cual comprende un interesante conjunto de castilletes mineros de gran interés, entre los que destacan: San José, Santa Bárbara y Pozu Espinos. El Pozu Espinos, construido en 1902, es considerado el segundo más antiguo de España y es visitable. Además, es posible enlazarlo con la Vía Verde de Turón, enmarcada dentro del Paisaje Protegido de las Cuencas Mineras.

VISITAS

  • Sábados, Domingos y festivos: visitas organizadas desde el Centro de Interpretación.
  • Días laborables: con reserva previa a partir de 4 personas.
  • Grupos: visitas a la carta bajo reserva.

Contacto

Tlfn: 985422185
Correo: info@pozuespinos.com

 

4. Pobláu mineru de Bustiello

Centro de Interpretación del Pobláu de Bustiello. Fotografía: Territorio Museo

El pobláu de Bustiello fue levantado entre 1890 y 1925 por el Marqués de Comillas y constituyó uno de los mejores ejemplos del llamado “paternalismo industrial”. Desde el centro de interpretación realizaremos un recorrido por los antiguos chalets (la casa de Don Isidro), la iglesia, el casino, el sanatorio o los antiguos alojamientos para ingenieros y obreros, adscritos a un estilo arquitectónico y una planificación poco usuales en la arquitectura industrial asturiana.

VISITAS

  • Hasta 3 personas: 5 € / persona
  • De 4 a 19 personas: 4,50 € / persona
  • A partir de 20 personas: 4,00 € / persona

Contacto

Tlfn: 985422185
Correo: info@pozuespinos.com

5. Mirador del Picu Siana

Este mirador se encuentra en el Picu Siana (613 m), a menos de 4 km de la villa de Mieres (unos 10 minutos en coche). No obstante, también podemos ascender a él desde Ablaña a pie por la ruta senderista de El Llusuriu (689 m). Las vistas son como para terminar de enamorarse de Mieres, aunque además de la villa alcanzaremos a ver también las cumbres de los conceyos de Ḷḷena y Ayer, incluso la mismísima ciudad de Oviedo/Uviéu, con su Monte Naranco…

4 visitas en asturiano para disfrutar noviembre

4 visitas en asturiano para disfrutar noviembre

“Ser Asturianu” consolida su programa de visitas guiadas en asturleonés con una ruta por cada sábado del mes de noviembre.

El éxito de las rutas en asturiano por Oviedo/Uviéu de los últimos dos meses garantiza su incorporación definitiva a la oferta de ocio en la capital asturiana. Tanto paisanos como visitantes muestran cada vez más interés por unas actividades cuyo atractivo reside en conocer la cara más auténtica de Asturias, alejada de tópicos y complejos. Además, el uso de la lengua asturiana, lejos de ser un obstáculo para seguir la visita, se ha convertido en toda una experiencia de inmersión en la que poder acercarse a la cultura y la historia de los asturianos de manera fresca y desenfadada.

Todas las visitas están dirigidas por Denis Soria, guía oficial de turismo de Asturias.

SÁBADO 9: RUTA DE LA REVOLUCIÓN D’OCHOBRE DE 1934

Fechas y horarios

– Sábado 9 de noviembre, 18h

Punto de encuentro

Parque de El Campillín (Uviéu/Oviedo).

Tarifas y reservas

– Adultos: 5€

– Menores de 12 años: Gratis

Para apuntarse es imprescindible reservar con antelación en el correo electrónico infoserasturianu@gmail.com

SÁBADO 16: LA CATEDRAL NA LLITERATURA ASTURIANA

Fechas y horarios

– Sábado 16 de noviembre, 11:30h

Punto de encuentro

Plaza de Alfonso II (Uviéu/Oviedo).

Tarifas y reservas

– Adultos: 10€, incluye precio de entrada a la catedral (7€)

– Menores de 12 años: Gratis

Para apuntarse es imprescindible reservar con antelación en el correo electrónico infoserasturianu@gmail.com

SÁBADO 23: PRERROMÁNICU DEL NARANCO

Fechas y horarios

– Sábado 23 de noviembre, 11h

Punto de encuentro

Centro de Interpretación del Prerrománico (Antiguas Escuelas de Naranco, Uviéu/Oviedo).

Tarifas y reservas

– Adultos: 8€

– Menores de 12 años: 3€

Para apuntarse es imprescindible reservar con antelación en el correo electrónico infoserasturianu@gmail.com

SÁBADO 30: RUTA DE LA REVOLUCIÓN D’OCHOBRE DE 1934

Fechas y horarios

– Sábado 30 de noviembre, 18h

Punto de encuentro

Parque de El Campillín (Uviéu/Oviedo).

Tarifas y reservas

– Adultos: 5€

– Menores de 12 años: Gratis

Para apuntarse es imprescindible reservar con antelación en el correo electrónico infoserasturianu@gmail.com

5 tradiciones asturianas de la Noche de Ánimas

5 tradiciones asturianas de la Noche de Ánimas

Repasamos los mitos y tradiciones más comunes en Asturias anteriores al Halloween

Hace no tanto las tradiciones eran un importante elemento de identidad, de refuerzo de una comunidad normalmente agrícola. Es lógico que con el refalfiu del Halloween a muchos nos asalte una sensación de vacío ante una celebración cuya única finalidad, después de todo, es el consumo y la ostentación. Y es que nuestra sociedad aún no tiene los dos pies fuera de ese mundo campesino, un mundo marcado por el ritmo de las estaciones. Así, sabemos que los gaélicos (irlandeses) conmemoraban, tras la cosecha, el Samain (literalmente, el “final del verano”). Y aunque se presupone que otros pueblos célticos contaban con festividades similares, no hay documentación muy extensa al respecto. Por otro lado, Manuel P. Villatoro señala que los romanos, también un pueblo indoeuropeo, honraban ese día a la diosa Pomona, la deidad del otoño y de las manzanas. Con el Papa Gregorio III vino la cristianización, trasladando la festividad de los «Mártires Cristianos» (Todos los Santos) al 1 de noviembre, para hacerla coincidir con la fiesta pagana. Esto es, «All Hallow’s Eve», abreviada como Halloween, sería la traducción al inglés de lo que nosotros llamamos “víspera de Todos los Santos”, una celebración cristiana salpicada de tradiciones de origen pagano más o menos similares en toda Europa.

La cosa no quedaría en un simple anglicismo si no fuese porque la festividad que -literalmente- se nos vende no es sino un remake comercial fruto del cine y el marketing, alejado de las tradiciones del Oíche Shamhna o Halloween llevadas a Norteamérica por los emigrantes irlandeses. Y ya no digamos de las propias. Pese a todo, la resistencia a esta cultura manufacturada no siempre está exenta de contradicción. De hecho, en los últimos años se ha instalado la moda de enmascararlo bajo el nombre de Samaín, como pretendiendo dotarlo de mayor autenticidad, pero pasándose por el arco del triunfo la tradición asturiana. ¿Acaso llamarlo en irlandés nos resulta menos ajeno que hacerlo en inglés?

Ponerse a la defensiva tampoco es una opción. Si Halloween ha venido para quedarse, aprovechar su tirón podría ser una oportunidad para reinterpretarlo en clave asturiana, y recuperar así una parte de una parte de nuestro patrimonio hoy cercano a la desaparición. Lo contrario será como empeñarse en luchar contra un fantasma.

Aquí te traemos algunos mitos y tradiciones asturianas de la Nueche d’Ánimes o la viéspera de Tolos Santos recogidas por el etnógrafo Alberto Álvarez Peña.

 

1. L’AMAGÜESTU DE DIFUNTOS

El cementerio de Banduxu aún sigue decorándose con dibujos de flores el día de Tolos Santos (Fotografía: David Tuñón).

Una de las costumbres más arraigadas consistía en hacer amagüestos, una reunión que, si bien se repetía lo largo del otoño y el invierno, la solemnidad de la víspera de Tolos Santos obligaba dejar un puñado de castañas bajo un tapín de hierba, para aplacar el hambre de los difuntos. En este sentido, si restallaba alguna castaña, significaba que un ánima había conseguido salir del purgatorio. La tradición de dejar comida o agua en la puerta de las casas y los camposantos tuvo continuación hasta la década de 1940, al igual que la celebración de banquetes sobre las tumbas de los antepasados, tal y como sigue haciéndose hoy en México durante el Día de Muertos. Hablamos de rituales, sin embargo, tan antiguos y extendidos como perseguidos, ya desde tiempos de Alfonso X “el sabio”.

«Pero aún hasta hace poco, en la Montaña, que es lo mismo para el caso que en Asturias, a las diez de la mañana de ese día se ponían en las tumbas las ofrendas “consistentes en sebosos cuartos de carnero, rancio vino de Málaga y panes de dulce álaga”» (Domingo Cuevas, Antaño, 1904)

 

2. AFURACAR CALABACES

Expo “calabaces y calaberes”. Fotografía: Xardín Botánicu de Xixón

La costumbre de vaciar calabazas (nabos, mucho antes que la hortaliza americana) está ampliamente registrada en todo el norte de España hasta la segunda mitad del siglo XX. La tarea correspondía a los niños, quienes colocaban este calabazón iluminado con velas en las puertas y ventanas o en las encrucijadas de caminos, donde se supone que se aparecen las ánimas.

 

3. LA GÜESTIA

Por aquellos lares podía uno encontrarse fácilmente con los espíritus, pues durante la Nueche d’Ánimes la frontera entre el mundo de los vivos y de los muertos se desdibujaba por unas horas. El peor infortunio para el caminante era toparse con la Güestia, una “hueste” o procesión de almas en pena. Nada de lo que los muertos ofreciesen podía aceptarse, pues ello conllevaba convertirse también en difunto y vagar con ellos por toda la eternidad. De igual manera, tampoco convenía contrariarlos. Si convidaban a comida lo mejor era simular que se masticaba, de lo contrario no habría sal de frutas capaz de aplacar tan fatal destino.

 

4. LA MAR QUE DEVUELVE A LOS MUERTOS

En algunos pueblos pesqueros, como en Cuideiru, no se podía salir a faenar. Los pixuetos preferían arriar las velas y quedar en tierra esa noche ante el temor de que al recoger las redes éstas saliesen repletas de los huesos de aquellos marineros que habían perecido ahogados. Aunque no era el único peligro con el que se podían encontrar:

«Antiguamente los pescadores de Cudillero no salían a la mar la noche de todos los Santos ni la del día de la Encarnación. Pero una vez, la noche de todos los Santos, salieron dos lanchas a la pesca y al pasar frente a la concha de Artedo, vieron que, sobre el agua, casi a orilla de tierra, ardían muchas luces. Los marineros enfilaron las proas de sus lanchas hacia aquellas luminarias y rema que rema, porque allí las olas rompían con mucha fuerza, llegaron allá y vieron llenos de miedo, que las luces eran producidas por huesos que había puesto allí la Güestia».

(Aurelio del Llano, Del folckore asturiano, 1977)

 

5. L’AGUINALDU

Niños pidiendo l’aguinaldu en Robléu (Cerecea, Piloña). Año 1930.

Nada de ese fusilable “truco o trato”. Los dulces había que ganárselos, como en Antroxu, por lo que los chavales salían con las caras embadurnadas de ceniza -sin disfrazarse- a pedir cantando por las casas, donde la recompensa solía consistir en chorizo, longaniza, castañas o avellanas. Y si había suerte, algún frixuelu (el terror de Pablo Casado).

“Queden con Dios señores
Nosotros con Dios nos vamos
Hasta l’añu venideru
Qu’en so casa mos veamos”

Por el contrario, si no recibían nada:

“Allá arriba n’aquel altu
Hai un perru cagando
Pa los amos d’esta casa
Que nun me dan aguinaldu.”

 

 

¿Por qué Asturias es un Principado?

¿Por qué Asturias es un Principado?

Muchos asturianos piensan que el título tiene que ver con el reino de Asturias, pero la causa real es mucho más humillante
 

 

Ni Pelayo ni los reyes asturleoneses tienen que ver con el origen de un título que se remonta al siglo XIV, mientras Europa se desangraba por la Guerra de los 100 años. Asturias era entonces un territorio más del reino de León, integrado ahora en la Corona de Castilla. Y en medio de este jaleo nacerá nuestro protagonista, Alfonso Enríquez, hijo bastardo de Enrique de Trastámara, cuya crianza había sido confiada a Rodrigo Álvarez de las Asturias, uno de los nobles más poderosos de su tiempo. Su padrastro acabaría encariñándose con él, y le hará heredero del condado de Noreña, de Xixón, y de casi tres quintas partes de Asturias, junto con algunas posesiones en tierras de León.

Entretanto, había en Castilla dos hermanos enfrentados por el trono, Enrique y Pedro I (el cruel), que no paraban de buscarse las espaldas. Y no es una forma de hablar. Enrique logrará imponerse tras coser a Pedro a puñaladas (lo que en Asturias conocemos como “hacerse un Tomasín“), un suceso que vendría a abrir la puerta a Alfonso para convertirse en heredero, poniendo su espada al servicio del ejército castellano y buscando el favor de su padre con sus valerosas hazañas en Andalucía y Portugal. Pero éste tenía otros planes. Para firmar la paz con Portugal, Enrique II le prepara la boda con Isabel de Viseu.

Alfonso no podía estar más decepcionado, después de tanto esfuerzo su padre le había “recompensado” con otra bastarda, y no con la heredera legítima del trono portugués.

Torre de los Álvarez de las Asturias (Trubia, Gijón/Xixón)

Pero cuando Enrique muere, en 1379, Alfonso perderá otro tren al adelantársele su hermanastro Juan, quien echó todavía más leña al fuego prohibiendo a los nobles cobrar impuestos a la Iglesia. En 1383 Alfonso conspira contra él, pero sus planes son frustrados por el obispo de Oviedo/Uviéu, Gutierre de Toledo. Lejos de achantar, cuando se entera de los preparativos para el matrimonio entre Juan I y Beatriz, la heredera legítima del trono portugués, el conde acaba estallando. Era el acabóse.

Viendo cómo el trono se le volvía a escapar de las manos, el historiador xixonés Estanislao Rendueles describe cómo Alfonso intentó entonces crear un estado independiente de la Corona en la primavera de 1382, ofreciendo el puerto de Gijón/Xixón a ingleses y portugueses. Fracasó. Las tropas castellanas invaden Asturias por mar y tierra, y aplastan la resistencia de los castillos de Cangas y de Tinéu. Después del asedio de Gijón/Xixón Alfonso será hecho prisionero y todos sus dominios van a ser confiscados por la Corona. Nada distinto a un desahucio de los de hoy en día… De esta manera, la importancia de esta rebelión fue determinante para que Juan I crease el PRINCIPADO DE ASTURIAS en 1388, una fotocopia de la conquista inglesa de Gales que supeditaba los señoríos asturianos directamente a la autoridad real. Y no, este título no era un premio, era un mecanismo de sometimiento a los castellanos.

«(…) que la tierra de las Asturias que nós tomamos para la Corona del Regno por los yerros que el conde Alfonso nos fizo…

Juan I de Castilla

Enrique III (hijo de Juan I) y Catalina de Lancaster serán los primeros príncipes, y Asturias se convertirá en un Risk particular donde se entrenarán en las tareas nel gobierno. Parecía que la historia de nuestro conde iba a acabar aquí, pero la repentina muerte de Juan I en 1390 y la minoría de edad de Enrique III provocó un caos que Alfonso supo aprovechar a su favor, y después de 6 años preso recobró por fin su libertad y posesiones. Estaba preparado para hacer otro intento de independencia en 1395, the last, el definitivu, l’arrancadera…

Inmediatamente, los castellanos entran en Asturias por el puerto Payares con una fuerza de 2.600 hombres, y asedian la ciudad de Gijón/Xixón por segunda vez. Alfonso Enríquez marchará a Baiona para recabar apoyo militar, pero entonces, ¿quién quedaba al mando de la defensa de la villa? Nada menos que su mujer, la portuguesa Isabel, y sus partidarios, como Cortés de Parres, muy inferiores en número, pero apoyados en la morfología del peñón de Cimavilla, totalmente aislado durante la pleamar. El rigor del invierno enfrió los ánimos y ambas partes se avinieron a una tregua en la se que buscó la mediación del rey de Francia, pero la guerra se reanudaría en agosto. Durante ese tiempo los castellanos ensayarían el uso de artillería contra las murallas, en lo que sería el primer testimonio del empleo de pólvora en el norte peninsular.

Después de un mes resistiendo a la desesperada, Isabel rinde la plaza ante a falta de refuerzos. Era 6 de septiembre, una efeméride que quedará por siempre grabada a fuego en la historia de Asturias:

“Quemaronse los palacios del rey Pelayo (…) y también la Iglesia de La Virgen María, levantada sobre el faro herculino, las casas todas de la ciudad, la Iglesia de San Juan levantada sobre el templo de Apolo, la torre Augusta fue demolida y también los establecimientos de las cohortes, todo fue demolido y quemado y se arrojó sal sobre las tierras para hacerlas infértiles”…

Enrique III de Castilla

Desgraciadamente, casi todo lo que conocemos sobre esta historia corresponde a la versión de los vencedores, como la crónica de López de Ayala, que participó en persona en el asedio de Xixón. Cronistas que sembaron sus escritos de falsedades tales como que la “mala fembra” de Isabel había incendiado la ciudad antes de entrar los castellanos…
 
“Mas este chronista (…), e todos os mais escriptores Castelhanos, mostrarão-se sempre e mostrarão-se ainda hoje tão pouco affeiçoados ao Senhor D. João I, que tudo quanto elles dicem em desabono do caracter deste Illustre Principe, deve ficar, pelo menos duvidoso (…)”

Como castigo, Enrique III retirá a Xixón el privilegio de comerciar por mar, que pasaba ahora a San Vicente de la Barquera, y prohibirá a los vecinos volver a poblar Cimavilla, los cuales tuvieron que buscarse la vida en la zona de Somió durante años (y no en los chalets de hoy, precisamente). Pero hubo otras consecuencias; la caída en desgracia de las familias partidarias de los Noreña y el ascenso de las valedoras de los intereses castellanos, así como el fortalecimiento de la autoridad de Gutierre de Toledo, responsable de la castellanización de la Iglesia asturiana. Junto a todo eso, el ahora “Principado” vivirá un proceso de disgregación formal del reino de León, desvinculándolo de algunas de sus instituciones y creando otras, como la Junta General, revitalizada por los borbones tras reconocer al Principado como mayorazgo regio desde 1707, quizás para compensar la implantación de un organismo centralista como era la Real Audiencia (1717).

Y así, tras muchos ires y venires, en 1977, dos años después de la restauración de la monarquía, Felipe de Borbón recuperará el título de “príncipe de Asturias”, celebrado por muchos asturianos. Otros, en cambio, verán en el título el recuerdo humillante de la derrota de Asturias y de la destrucción de Xixón.

¿Pero qué fue el conde de Noreña? Al parecer, sería asesinado por orden del rey en 1406. Su familia, refugiada en Portugal, fundará el poderoso linaje de los Noronha (Noreña), cuyo recuerdo más tangible bien pudiera ser el visitadísimo palacio de los duques de Bragança, en Guimarães, levantado por D. Alfonso y Constança de Noronha, hija de Isabel y Alfonso Enríquez.

 

Palacio de los Duques de Bragança, Guimarães (Fotografía: VisitPortugal)