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Sobre el origen de la leyenda más conocida de la villa blanca

Asturias es una tierra generosa en historias, impregnadas casi siempre por el aroma de sus bosques y montañas, de su mar o de su sidra, pues en la letanía de nuestros días grises muchos de nuestros cuentos y seres mitológicos habrían proliferado al calor de la leña, cuando no del alcohol…

Eso bien lo saben bien los vecinos de la villa de Ḷḷuarca, quienes no desaprovechan la ocasión para relatar con orgullo de la leyenda del pirata Cambaral, transcurrida en el tiempo en que piratas berberiscos y otros malhechores asolaban las costas gallegas y asturianas a fin de saciar su sed de sangre y pérfidos vicios. El más famoso de estos piratas habría sido el vil Cambaral, conocido por su crueldad y que tuvo la osadía de atacar las cercanías de Ḷḷuarca. Para su mala fortuna, en lo más alto de esta villa vivía el señor de La Telaya, un hombre de gran ingenio que logró tenderle una emboscada, haciendo pasar a sus hombres por pescadores, y apresando al pirata tras una dura batalla.

Así pues, malherido, el berberisco fue recluido en las mazmorras de La Telaya a la espera de justicia. La leyenda repara, sin embargo, en la hija del señor de Lluarca, una doncella cuya pureza y piedad la llevó hasta los barrotes de la celda para curar las heridas de Cambaral. Desde que cruzaron sus miradas por primera vez, el amor surgió con la misma intensidad que aquellas olas azotadas contra los acantilados durante las noches de galerna. Fue esa misma pasión la que les condujo a emprender la huida, creyendo sortear la vigilancia de los confiados guardias, pero no así de su padre.

Cuando llegaron al puerto, donde les esperaba una barca, los amantes se pensaron a salvo y se fundieron en un tierno beso bajo la luz de la luna. Pero el padre de la muchacha, horrorizado y borracho por la ira, corrió a cercenar con su espada las cabezas de los amantes, que cayeron unidas por siempre en un suave beso al fondo del mar. Desde entonces, el lugar sería conocido por los lluarquinos como la ponte del beisu, mientras que uno de los barrios más marineros y populares, El Cambaral, hizo suyo el nombre del pirata.

Arrascando un poco acerca del origen de la historia, que muchos han creído antiquísimo, El Cambaral no debe interpretarse como algún nombre árabe, turco o bereber, sino que en realidad alude a un lugar con abundancia de cámbaros (“cangrejos”, en asturleonés). Pero además, Juan Antonio Martinez Losada, cronista oficial de Valdés, atribuye la autoría de esta leyenda nada menos que al escritor y periodista Jesús Evaristo Casariego, quien fuera director del RIDEA y una persona muy dada a la fabulación, haciendo pasar muchas de sus creaciones literarias por leyendas recogidas supuestamente en la oralidad, quizás para otorgar a su lugar de nacimiento de mayor enjundia. Queda demostrado, pues, que la leyenda del pirata Cambaral y su ponte del beisu, tienen un origen reciente y erudito.

Después de todo, parece que algunas de nuestras leyendas más conocidas y popularizadas no tienen una pátina tan ancestral ni tan popular, si bien es verdad que alguno perdió la cabeza por amor…